viernes, 11 de febrero de 2011

No trabajo, pero me oriento.

Me levanto, aplaudo, y me quito el sombrero. Lo han vuelto a conseguir, otra semana más, he pensado que es 28 de Diciembre, cuando busco tema para esta columna.

Resulta que la Junta de Extremadura, dirigido por mi tocayo Guillermo Fernández Vara, ha confeccionado una campaña publicitaria para (cito textualmente): “cambiar la habitual visión de la oficina del paro por otra bien distinta, la de la oficina de los recursos y servicios para el empleo”.

Es decir, que la consejera de igualdad y empleo, Pilar Lucio, tenía mucho tiempo libre, y para justificar el salario que le pagan, se puso a pensar un rato. Un par de cables hicieron contacto y saltó la chispa.

Fruto de esto, es esta campaña, que muestra frases tales como “No tengo empleo pero no estoy parado, estoy buscando trabajo”; “no tengo empleo pero no estoy parado, estoy orientándome”; “no tengo empleo pero no estoy parado, estoy formándome”.

No solo eso, sino que los técnicos de “la oficina de los recursos y servicios para el empleo” (como gusta llamar a las oficinas del paro en Extremadura) se dirigen a los desempleados (o “a los que se forman”) con la siguiente frase: “No está usted en el paro, trabaja a partir de ahora para el Sexpe (Servicio Extremeño Público de Empleo)”.

Pero es que además, Pilar Lucio, la antes mencionada consejera, también se ha molestado en pensar en una justificación: Estar en situación de desempleo no implica necesariamente estar en paro”.

Es decir, que si usted, quiere dejar de trabajar, para poder hacer un curso CCC de cómo forrar libros para que no se le estropeen las pastas, o quiere apuntarse a una academia de idiomas para que le enseñen a hablar el Marathi (dialecto del sur de India), este es su momento. Solo tiene que ir a las oficinas del SEXPE.

Todo vale, con tal de no llamar las cosas por su nombre…

Otro que a partir de ahora, va a empezar a “orientarse”, es mi amigo Sergio Parrilla (camarero de “Los Chicos”), que le cierran el bar donde trabaja. Así que ya sabes, que no estás parado. Y cuando encuentres trabajo en otro bar, me avisas, que te hago una visita.

viernes, 21 de enero de 2011

Teletruño.

Sé, que este tema lo he tocado ya varias veces, pero es que es poner la tele y cabrearme como si Zapatero visitara Valdepeñas.

Poco me gustaba que Belén Esteban fuese casi la imagen corporativa de la cadena. Poco me gustaba que el mejor programa que pusieran en Telecinco fuese la tele-tienda a altas horas de la noche. Menos aún que la mayoría de los programas tuvieran como línea argumental la vida de un grupo de “famosillos” con menos papeles que una liebre.

Pero lo que ya no se puede tolerar, es que un canal de información, de reconocido prestigio, sea cerrado para colocar 24 horas de Gran Hermano. Que es como meter a quince gorilas en una jaula. Con la salvedad, de que estos cuando discuten, se pelean y cada vez van quedando menos…

Y me pregunto yo ¿qué interés tiene ver a “una panda” de indocumentados durante 24 horas? ¿A quién le puede interesar ver a unas personas que no saben ni escribir su nombre mientras duermen?

No me puedo creer que esa cadena tenga audiencia. Pero la tiene. Y esto dice mucho de un país. Porque un pueblo que prefiere ver a unos “energúmenos” “conviviendo” (por decir algo, porque algún que otro rato que he visto, del cual he acabado sangrando por los ojos, se pasan más tiempo discutiendo e insultándose con nombres que ni yo sabía que existían) en una casa, en vez de un canal de 24 horas de información, con programas y reportajes no menos que interesantes, dice mucho.

Le hemos estado viendo las orejas al lobo respecto a la crisis, Zapatero… bueno, dejemos a Zapatero, que bastante lleva; el paro iba subiendo, España se venía abajo…

Pero todo daba igual, mientras Belén Esteban, la “princesa del pueblo”, siguiera saliendo en la televisión. El resto de los acontecimientos daban igual.

Si Andreita, “marquesa del pollo”, veía a su padre, Jesulín, un torero que le dio por cantar, y en vez de lloverle bragas y sostenes le cayeron piedras (y con razón), ¿qué más nos daba lo que dijera el Banco Central Europeo? ¿Quién era ese? ¿Acaso salía en Sálvame?

De todas formas, hay gente que le echa la culpa a Telecinco. Y no digo yo que no, pero lo único que están haciendo estos tipejos, es aprovecharse de la ineptidud de todos los españoles que cuando no tienen nada que hacer, se dedican a ver a estos “reality shows”.

Es normal, que las cosas vayan en España como van… Esto parece un esperpento que se escribe día tras día, y que de momento, no se le ve el final, desgraciadamente.

Dime quién es líder de audiencia, y te diré cómo va el país…

viernes, 14 de enero de 2011

¡En mis tiempos!

La frase que lleva por título esta columna, es una de las que más oigo cuando me quejo del estado de la educación.

Y es que al parecer, en nuestras cabezas debe haber un pequeño esquema programado que podemos repetir hasta la saciedad y que irá evolucionando conforme la edad vaya subiendo.

A la conclusión que se llega es siempre a la misma. Los estudiantes de ahora somos más tontos que las “santas piedras”, mientras que “en mis tiempos nos exigían más, estudiábamos más, no teníamos tantas “tonterías” como tenéis ahora y si el maestro me pegaba, mi padre también, porque algo habría hecho” (interprétese este apunte temporal como si lo dijera alguien mayor que el estudiante de turno).

Por lo tanto, esta conclusión nos lleva a la siguiente idea, que los estudiantes de ahora vamos a la ley del mínimo esfuerzo, que pasamos de las clases, que somos unos “perros” y que lo único por lo que nos interesa ir al instituto o colegio es para estar bajo techo y calentitos (esto último, será en verano, porque en invierno no sé yo).

Lo arriba expresado, aun siendo una idea muy generalizada, me juego lo que quiera, a que alguna vez lo ha dicho, o por lo menos pensado.

Y claro, nosotros los alumnos, que somos “tonticos” y no sabemos hacer ni la “o” con un canuto, nos callamos, porque si replicamos, añadimos a todo esto que somos unos mal educados.

Ahora bien, me pregunto yo: ¿Quién tiene la culpa de todo eso?

No negaré, que parte de la culpa se la ha ganado a pulso algunos sectores del alumnado. Porque el que estas letras escribe lo vive todo los días, y ve como hay gente que va al instituto como el que una buena mañana de Domingo se dirige al Peral a comerse unas gachas o una paella con su familia.

Pero siempre nos olvidamos, de los que, con más o menos esfuerzo, intentamos seguir el ritmo de la clase, para avanzar en nuestra carrera educativa, y poder alcanzar como meta, estudiar o trabajar, de lo que uno siempre ha soñado o deseado.

Llegados a este punto de la reflexión hemos de buscar responsables. Lógicamente, como ya se ha dicho un poco más arriba, los alumnos, los primeros, porque no se esfuerzan. A los profesores, se les atribuye parte, aunque hay gente, que para quedar bien siempre hace aquel comentario tipo “Pero bueno, pobrecillos. Bastante tienen con lo que tienen”.

Y para terminar, y no perder la costumbre, se mira hacia el gobierno, y nadie duda de que comparte también la culpa.

Pues bien, bajo mi punto de vista, la mayor responsable, es el gobierno. Y no solo el gobierno, cada uno de los 17 reinados a los que llamamos “comunidades autónomas” y que tienen, su rey, llamado “presidente autonómico”, seguido de un sequito al estilo de los más ricos jeques árabes, llamados delegados, consejeros, secretarios, etc.

Dicho lo cual, les recomiendo que se lean la columna publicada por Arturo Pérez-Reverte en el suplemento XL Semanal de ABC el 26 de Diciembre de el ya extinto 2010. El título a lo mejor les dice poco “Boabdil no tenía motivos”, pero explica y plantea mi idea a las mil maravillas,

Pérez-Reverte habla de cómo la Junta de Andalucía encabezada por José Antonio Griñan se gasta el dinero en estupideces a pesar de que el informe Pisa revela que dicha comunidad está a la cola respecto al nivel educativo de Europa.

¿En qué invierten su dinero? En crear una guía de 71 páginas para propiciar “el conocimiento de la perspectiva ecofeminista y potenciar el lenguaje periodístico desde una perspectiva de género medioambiental”.

¿Y sobre qué versa esta maravillosa obra que debería formar parte de nuestras estanterías junto a la Biblia y al Quijote? Se nos propone evitar la palabraactor” sustituyéndola por persona que actúa, que en vez defutbolistas” digamos quienes juegan al fútbol, que en vez deparados” se diga personas sin trabajo, que “los ciudadanos” se transformen en la ciudadanía, “el hombre” en la humanidad, “los niños” en la infancia y “los andaluces” en el pueblo andaluz.

Con esto, ¿quién duda ahora sobre el responsable del estado de la educación? Los políticos prefieren centrarse en estas tonterías, y que los estudiantes, sigan perdiendo nivel…

Aunque, todo hay que decirlo, insisto, hay alumnos que van a los centros educativos de paseo, al igual que algunos profesores… Que aunque son los menos, también los hay.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Con lo rico que está el jamón!

Anonadado me hayo. Me gusta, por las mañanas, levantarme escuchando las noticias con Carlos Herrera. Y desde hace ya tiempo, me aburría, porque siempre son las mismas. Pero lo de la mañana del pasado Lunes 20 fue surrealista. Pensé que podía ser una broma, pero al ver que faltaba una semana para el día de los Santos Inocentes, descarté la idea.

¿Quieren saber la noticia? “Denuncian a un profesor por hablar de jamones ante un alumno musulmán” decía el titular, “Dicen que ofende a su credo”, aclara un subtitular.

Efectivamente, un profesor, del Instituto Menéndez Tolosa de La Línea de la Concepción en Cádiz, comentando en una clase de geografía los distintos climas de España, dijo que el frío propio de Trévelez (Granada) favorecía la curación del jamón. El alumno en cuestión interrumpió entonces la explicación y dijo que esa mención a un producto porcino ofendía a su religión. El maestro le respondió que era un ejemplo y que no tomaba en consideración la religión de sus alumnos a la hora de dar clase.

Hasta aquí, se puede tomar como algo normal, puesto que en todas las clases hay algún que otro alumno un poco más, llamémoslo, “sabiondo”. Lo que hace de ésta noticia surrealista es que aquí “el amigo” informó a su familia de la anécdota, y esta, ni corta ni perezosa, tras hablar con el jefe de estudios, decidió poner una denuncia ante la Policía. Los agentes de seguridad, como es normal, tuvieron que tomar declaración al profesor, y al alumno.

Según la prensa escrita, se acusa al docente, que acumula dos décadas de experiencia, de un delito de maltrato de obra con motivaciones xenófobas, que el artículo 525 del Código Penal contempla con multas contra quienes ofendan los "sentimientos de los miembros de una confesión religiosa".

¿En qué cabeza cabe algo como esto? ¿Qué se le pasaría al jefe de estudios por la mente? ¿Qué pensaría la Policía a la hora de tomar declaraciones? Y lo que es más importante ¿La familia puso la denuncia porque de verdad lo sentía o por salir en la prensa?

Estos casos así, que resultan casi en broma, son reales, y es más, esta familia, como ya he dicho, ha puesto una denuncia al profesor. Esto es muy serio, porque se permite ciertas cosas, que sientan precedentes…

No creo que al profesor le pase algo, porque tras veinte años trabajando, que un caso como este, le pueda arruinar la vida, es muy fuerte. Pero ya, el simple hecho de que ésto salga en la prensa, dice mucho de cómo están las cosas en España.

Por otro lado, la familia, debería tener el suficiente sentido común, como para dejar pasar los hechos… Pero con esto, lo que están haciendo es criar un posible “talibán”.

Sin más, solo me queda desearles, sinceramente, que pasen una buena Navidad.

viernes, 10 de diciembre de 2010

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Aquí, el que no corre… Va en tren, o andando, o en metro, o en moto, o en taxi, o en bus, o en globo, o en helicóptero, o en el coche de San Fernando (un ratito a pie y otro andando), o a caballo, o en borrico, o en mula, o en…

Volare, oh oh
cantare, oh oh oh oh
nel blu dipinto di blu
felice di stare lassu
Y volando, volando feliz
yo me encuentro más alto
más alto que el sol
y mientras que el mundo
se aleja despacio de mi
una música dulce
se ha tocada solo para mí.

Servidor que estas líneas escribe, todavía está pendiente de si podrá viajar o no a París desde Ciudad Real. Conste que ahora mismo son las 13.40 y mi avión saldría a las 18.50.

Desde que se desató esta situación, por la cuenta que me trae, he estado enganchado a la televisión y a la radio. Y todo hay que decirlo, el PSOE, aunque un poco lento, está reaccionando bien.

Los controladores aéreos, que querían ser las víctimas, resulta que ahora son los malos de la película, y dicho sea de paso, con toda la razón.

Hace un año, los controladores aéreos de AENA cobraban 300.000 euros al año, ahora, 200.000. Eso no se puede hacer. Esta gente tienen familias a las que mantener, hijos a los que pagar los estudios, y frigoríficos que llenar. ¿A quién se le ocurrió bajarles el sueldo? Yo no me imagino mi vida cobrando menos de 300.000. Debería ser el sueldo mínimo interprofesional.

Cierto es, lo que alegan los controladores, que su trabajo tiene un plus de riesgo, porque tienen en sus manos, la vida de la gente. Hasta cierto punto, es verdad. A mí me da un poco de vértigo pensar que de las instrucciones que pueda dar desde una torre de control, depende el transcurso de un avión. Pero de eso, a que una persona se venga abajo por la presión… Se supone que esta gente ha estudiado y se ha preparado para realizar su trabajo, ¿no? Imagínense ustedes al médico que se dispone a hacer un trasplante y al ver la sangre, se da la vuelta y dice que no puede, que está nervioso, porque hay una vida en sus manos…

Otra de las cosas que han hecho mal, ha sido encubrir la huelga, de manera que mucha gente le ha pillado de sorpresa. Han tomado como rehenes a viajeros que sin tener nada que ver, están pagando los rifirrafes, entre los controladores y el Gobierno.

Voy a ir acabando la columna, porque tengo que hacer la maleta, que me quedan 5 horas. A ver si se ponen las pilas y puedo viajar. Si este puente, me ven con “cara de perro” por las calles de Valdepeñas, intenten no saludarme, estaré escribiéndome mentalmente una felicitación a todas las familias de los controladores, que se acerca Navidad, y hay que quedar bien.

Cierro la columna, no sin antes mandar un saludo a todos los amigos con los que estuve el pasado Jueves 2 de Diciembre, en la entrega de premios de este semanario. Y más en concreto, a Rafael Toledo, porque a pesar de tener ideas políticas enfrentadas, vino a saludarnos (a mi compañero Fernando y a mí) y a pasar un pequeño tiempo con nosotros. Esto es lo bonito de la política, que te puedas llevar bien, con gente de ideas contrarias.

¡Volaaaaaaaaaaaaaare, uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh uuuuuuuuuuuuuuuuuh!

viernes, 12 de noviembre de 2010

Rodríguez Rodríguez

Antes de comenzar, voy a dejar aquí escrito el último párrafo de la columna de la semana pasada, que por motivos técnicos, no fue publicado:


Antes de acabar con estas líneas, agradecer a la familia Sánchez Martín por todo lo que hicieron por nosotros, porque como ya dije en su momento, estuvimos mejor que en brazos.


Y para Basi y Carmen, que seáis muy felices y que todo os vaya bien.”


Dicho lo cual, vamos al turrón:


Me quedé sorprendido, boquiabierto, flipado, pasmado, desconcertado, atónito, estupefacto cuando vi la noticia del proyecto de Ley del Registro Civil con el que se abandona de manera definitiva la prevalencia del apellido paterno en el orden que ha de darse a los hijos.


Es decir, que si se aprobara esta ley y si los padres no especificasen el orden de apellidos a la hora de registrar al niño (o criatura, no olvidemos el valioso trabajo que realizó doña Viviana Aido con su Ministerio de Igualdad) en el Registro Civil, el juez, los colocaría por orden alfabético.


Y no solo eso, en caso de que el padre y la madre no se pongan de acuerdo en el orden, los apellidos irán en orden alfabético... Solución salomónica, sí señor.


Me parece, y espero no equivocarme, que la gente no le da importancia a sus apellidos. Es algo que pasa sin pena ni gloria por nuestras vidas. El único momento donde toma relevancia es en la época escolar, cuando el profesor se dispone a corregir los ejercicios por orden de lista. Y claro, tú si tu apellido comienza con letras a partir de la “P” das gracias a tu padre por llamarse así (a no ser que tu apellido sea Zapatero, que en ese caso, comprendo el cambio), pero si tu apellido empieza con “A”, “B” o “C”, te acuerdas de toda tu familia, y te preguntas que por qué no se habrán llamado “Zurrón”.


De todas formas, insisto, para los españoles, tener un apellido u otro, es (creo) totalmente indiferente. Se da el caso que contó Carlos Herrera en su programa “Herrera en la Onda” de Onda Cero:


-Llega un hombre al Registro Civil y cuando le toca su turno, le dice al de la ventanilla que se quiere cambiar el nombre. El de la ventanilla, le pregunta que cuál es (el nombre), y aquí nuestro amigo contesta: “Juan Mierdas”. El funcionario, aguantándose la risa, lo comprende y le pregunta que qué nombre se quiere poner, y el señor Mierdas contesta: “¡Pues Vicente, como mi padre!”.

Creo que con el ejemplo, se deja clara la idea que quiero expresar. Pero de todas formas, pensándolo bien, estoy por cambiarme el orden de mis apellidos... Es que me gusta más cómo queda el de mi madre delante, suena más melódico, más bonito... Yo les dejo aquí las dos opciones, y luego si me ven por la calle, me dan su opinión, a ver cuál les gusta más: “Guillermo Rodríguez Rodríguez” o “Guillermo Rodríguez Rodríguez”


A este paso, como esto sea verdad, nos vamos a acabar llamando todo “Abad Abad”.


viernes, 5 de noviembre de 2010

Buenas tardes.- ¡A las bueeenaaaaaaaas!

(De la educación en los pueblos)


El sábado pasado, servidor junto al coro que toca habitualmente en misa de una los domingos en la iglesia de la Asunción, se desplazó hasta Castro del Río para tocar en una boda que se celebró allí.


Aunque la boda estaba prevista para por la tarde, mi compañero y pianista Fernando Martín-Peñasco y yo nos fuimos por la mañana para montar el equipo de sonido (mire usted, que parecemos Pink Floyd en la gira del 98). Una vez estando allí, y todo montado nuestros anfitriones nos convidaron a una comida.


Tras la comida, con un chaparrón en la calle que aquello parecía el diluvio universal, una vez habiéndose marchado la familia a cambiarse para el evento, quedábamos en el restaurante don Vicente Elola (cura que iba a casar a los novios), don José Antonio Sánchez Elola (concejal de medio ambiente de Valdepeñas), el antes mencionado Fernando y yo.


Iba corriendo el tiempo y la hora fijada para el enlace estaba llegando. Nosotros, de punta en blanco (como debe ser para estos eventos) queríamos ir hacia la iglesia, pero no podíamos, porque el cielo había dicho de descargar agua.


Como ninguno de los allí presentes teníamos coche, tuvimos que preguntar en la barra, que si en ese pueblo había taxis. Nos dijeron que había dos, pero que no sabían como llamarlos. Diose la casualidad de que sentado en una mesa cercana, se hallaba el dueño de uno de los mencionados taxis.


Se conoce que nos oyó, y el hombre (que se identificó ante nosotros como “Suri”, dueño también de una orquesta llamada “Blanco y negro”), con toda su buena voluntad se dispuso a intentar localizar al conductor, pero ante la imposibilidad, se ofreció muy amable a acercarnos a la iglesia con su propio coche.


He aquí el primer punto. No sé yo, si aquí, en Valdepeñas, como en otros tropecientos mil pueblos semejantes al nuestro, hubiesen hecho eso.


Una vez delante de la puerta del tempo, (cerrada, todo hay que decirlo) nos dispusimos a esperar a que se abriera. Así que, ante la cantidad del liquido elemento que estaba cayendo, nos refugiamos debajo de un balcón.


He aquí, el segundo punto: conté diez personas que pasaron por nuestro lado, y todas ellas nos saludaron al pasar por delante con su respectivo “buenas tardes”. Que no es por nada y aunque parezca una tontería, eso yo en Valdepeñas no lo veo. Me gusta ese ambiente en los pueblos, donde todo el mundo te saluda aunque no te conozca.


Me se de uno, que estando en Madrid, pasó al metro y cuando entró al vagón, acostumbrado como estaba a hacerlo en su pueblo, saludó con un buenas tardes. Allí nadie se inmutó, salvo una chica que le contestó “lo siento, no llevo nada suelto”.


Destacar también el recibimiento en el salón de bodas, donde el encargado, se desvivió (ya casi rozando la pesadez) por nosotros a la hora de tener que montar el chiringuito para las siguientes canciones a lo largo del convite.


Antes de acabar con estas líneas, agradecer a la familia Sánchez Martín por todo lo que hicieron por nosotros, porque como ya dije en su momento, estuvimos mejor que en brazos.


Y para Basi y Carmen, que seáis muy felices y que todo os vaya bien.